La escuela taller, los compañeros la noviecita de mis sueños, para ese mí estado adolescente, puro sueño y encanto, propios de los años juveniles.
La casa paterna, los pormenores de la lucha por la vida familiar y que mas a la hora de la adolescencia a la hora de la mocedad, el club los amigos, las amigas, y todo eso que fuera esta, llena de sueños, de aspiraciones, casi inconscientes por entonces.
El despertar a un arte en la escuela secundaria, y al mismo tiempo casi sin querer el despertar al amor, con la niña que fuera el desvelo de mis sueños mozos
El encanto del barrio, con sus calles arboladas, casas bajas, barrio tranquilo de gente medianamente acomodada, la bicicleta.
El despertar a los sueños de armar una moto, o un auto, Ir al tallercito que mi padre tenía montado en la cochera y desde allí, soñar con esto o aquello en la medida de mis escasas posibilidades de aprendiz de técnico, respecto de cosas y mas cosas.
Si estos ensueños de adolescente estaban llenos de desconocimiento práctico, de lo que fueran las artes en las cuales estaba formándome.
Lleno de ellas de algún modo, la proyección mas cierta, fuera la moto que comprara en el chatarrero.
Si, que sueño, que me llevara a aprender mucho, a la hora de poner en práctica algunos conocimientos adquiridos,.y cuanto, cuanto me costara reflotarla, fue obsesión y refugio para mi durante creo dos, o tres años.
Recién terminada la escuela secundaria, pude decir la termine. Fue como mi tesis…con el costeo y todas, y cada una de las reparaciones.
Creo, lo peor de esta, es que se volviera obsesión para mí, y me hiciera a menudo olvidar la mocita de mis sueños, y se convertiría en un desvelo, tan pero tan importante, como lo puede ser ahora, sacar adelante un trabajo, como sacar adelante un proyecto, como un pequeño desafío, que por momentos lo era todo.
En este contexto, ocurre mi adolescencia, envuelto por supuesto, en un halo de encanto juvenil, y en un despertar a la vida, lleno de inocencia.
Quince años no es nada…
…………………………………… |