Tascar el freno de la humildad
Se me hace como una necesidad imperiosa, a la hora del devenir de la existencia, si las cosas aparentan haberse ido de cause, si el río de la vida vemos se ha salido de ruta, en cuyo caso, invocar la suprema sabiduría para decir heme aquí ¿Que puedo hacer por vos?…El Señor agradecido de su siervo fiel que implora en momentos difíciles de el o de alguien de su entorno.
Y es esto de la tan predicada humildad que no sabemos a ciencia cierta cuando ponerla en práctica, o si nunca nos ha menester. Pero si es nuestro caso, el hacernos cargo, cuanta bendición puede acarrear ser prontos al llamado de la sabiduría de un yo renovado en la fe, para poder poner en práctica en el momento oportuno esto.
Es que el devenir de la vida no nos deja casi espacio para estos menesteres, pero aún así hemos de sobreponernos y hacernos eco de la llamada de atención que puede ser esto de vernos fuera de los límites de lo humanamente deseable, fuera de los límites de la cordura, es que esto ha de ser un llamado a consultar la eterna sabiduría de Dios Padre, proveedor de todas las gracias, proveedor de toda misericordia y con ello poder ofrecer por la vida que se nos esta yendo de forma, una y otra vez, a modo de plegaria, a modo de disculpa, a modo de perdón, por la causa que sea.
Si vemos pasar el río salido de cause y no somos capaces de poner las barbas en remojo, es que aún no despertamos, es que aún no podemos ver la luz…
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